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lunes 24 febrero 2020
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Venezuela al rescate de la tortuga emblema del Orinoco

Cuando el expedicionario alemán Alexander Von Humboldt recorrió el Orinoco, el noveno río más largo del mundo, contabilizó 330.000 tortugas Arrau hembras ponedoras. Ciento cincuenta años después de la población de los quelonios quedan sólo 900 ponedoras de la especie que vive en peligro de extinción.

El Estado venezolano se propuso salvar a la tortuga gigante Arrau (Podocnemis expansa) cuya carne y huevos son considerados como un manjar por los depredadores humanos que la comercializan ilegalmente. Las hembras adultas alcanzan tamaños de 60 y 70 centímetros de longitud y un peso promedio de 15,7 a 33 kilos.

El Banco Central de Venezuela encargó a Fundatropicos (Fundación para la Conservación del Patrimonio Ecológico de Venezuela) un plan para rescatar y proteger a la mayor tortuga de los ríos suramericanos. Presidida por el biólogo Eduardo Szeplaki, la ONG Fundatrópico, dirige el programa de conservación más exitoso de su especie. Esta especie habita en las cuencas de los ríos Amazonas, Esequibo y Orinoco, con poblaciones en Brasil, Colombia, Perú, Venezuela y las Guyanas.

Muy lejos están los tiempos en los que Julio Verne, en su libro El Soberbio Orinoco, describe un episodio en que centenares de miles de tortugas Arrau avanzaban y amenazaban con arrasar a la población de la Urbana. El laboratorio o zoocriadero de la Arrau se desarrolla en el Hato El Cedral, propiedad estatal. Para llegar al sitio desde Caracas en coche se toman diez horas por una carretera sin muchos baches recorriendo esteros y llanuras. El Hato está situado en el Municipio Muñoz del estado Apure y es una zona ganadera.

Otras especies protegidas

El programa de conservación es criar la tortuga Arrau en cautiverio. Los neonatos tienen una estatura de 5 centímetros y pesan 25 gramos. Cuando alcanzan tallas de 12 y 15 centímetros de longitud y pesan entre 400 y 450 gramos son liberados al rio Orinoco para evitar la depredación natural y aumenta su posibilidad de supervivencia. Todo un espectáculo para ver a las 10.000 crías yendo al rio.

El Hato Cedral tiene 53.000 hectáreas de superficie aproximadamente, y su actividad comercial es básicamente la ganadería vacuna y bufalina, además de la conservación ambiental, que incluye un campamento ecoturístico de primera línea y el aprovechamiento sostenible de especies autóctonas como el chiguire o capibara, el caimán de anteojos o baba.

El Hato El Cedral, cuenta además según los censos poblacionales con 331 especies de aves nativas y migratorias, 59 especies de mamíferos, 23 especies de reptiles y 15 especies de anfibios, por lo que representa uno de los santuarios de fauna tropical más importantes del continente. Conserva especies en peligro de extinción como el caimán del Orinoco, la tortuga Aarrau, y especies consideradas como vulnerables, como la tonina del Orinoco y el oso hormiguero, entre otros.

Los proyectos de conservación ambiental, se desarrollan conjuntamente entre el Hato El Cedral y la fundación ambiental Fundatrópicos, quen aporta el manejo técnico de las especies y la asesoría veterinaria para el zoocriadero. Dicha fundación en el mes de octubre cumple 25 años de fundada, es sin fines de lucro y trabajo con el aporte de sus voluntarios.

Fuente: ABC