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viernes 22 noviembre 2019
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Transferencia pasiva de inmunidad en pollos

Los pollitos recién nacidos son incapaces de autodefenderse de la invasión microbiana que encuentran una vez que eclosiona el huevo, ya que el huevo brinda un ambiente bastante sano y estéril, y en cuanto el pollito sale de este se encuentra expuesto al ambiente, que frecuentemente está muy contaminado por ejemplo, de microorganismos patogénicos. La transferencia de la inmunidad de la gallina al pollito recién nacido es un momento fundamental para la supervivencia de éste último, ya que sin esta inmunidad el pollito no cuenta con ningún medio para poder lidiar con el ambiente contaminado.

La transferencia de inmunidad de la madre al recién nacido se hace de diferentes formas. Los mamíferos, por ejemplo, transmiten esta inmunidad a través del calostro, que es la leche concentrada que contiene gran cantidad de proteínas y que puede ser ingerida por el recién nacido mediante las mamas de la madre, lo cual debiera ocurrir preferiblemente entre las 6 y 24 horas del nacimiento; si se le da luego de este tiempo, el calostro será considerado como alimento y se ingerirá mediante una digestión enzimática por medio del intestino.

Por otro lado, en los seres humanos, la inmunidad de la madre al recién nacido se transfiere antes del nacimiento, es decir durante el desarrollo del feto, esto ocurre de forma continua de modo que la concentración de inmunoglobulinas en la madre sea la misma que la del feto. Entonces, al momento del nacimiento tanto el recién nacido como la madre tienen la misma concentración de inmunoglobulinas contra los patógenos, por lo cual es posible que el bebé pueda ser alimentado con fórmula para niños en sus primeros días, pero aun así requiere la leche materna, ya que ésta reduce las posibilidades del bebé de desarrollar diarrea, infecciones al oído, alergias y el riesgo a la obesidad.

El mecanismo que la gallina usa para transferir la inmunidad al pollito inicia su desarrollo cuando el huevo aún está en el ovario y las inmunoglobulinas se transfieren desde la circulación de la gallina al saco vitelino, cuando el huevo fertilizado pasa a través del oviducto y adquiere también algunas inmunoglobulinas A y M (IgA e IgM respectivamente). Entonces, el huevo fertilizado ya, contiene inmunoglobulinas Y (IgY) en el saco vitelino -equivalente y a la vez muy diferente a la IgG de los mamíferos- y luego la albúmina adquiere las IgA e IgM durante su viaje por el oviducto. Los pollos tienen como inmunoglobulinas las IgM, IgY (o IgG) e IgA, pero no poseen la IgE, anticuerpo que protege de la fiebre, siendo su IgY la que realiza muchas de las funciones de su carente IgE. Ahora, solo la IgY se transfiere de la madre al embrión porque su estructura es más pequeña que las de las IgM e IgA y por ello es más fácil de empujar hacia dentro.

La transferencia de la IgY, de la circulación de la madre al saco vitelino se efectúa mediante receptores (o FcRY), los cuales se unen en un complejo con la IgY, donde el receptor toma la inmunoglobulina de un lado de la célula y lo transporta al otro lado, y así se transfieren de la circulación de la madre a la circulación del embrión en desarrollo. Entonces, las inmunoglobulinas de la madre se transfieren al saco vitelino mientras el huevo aún está en el ovario, pero una vez realizada esta transferencia, el saco vitelino baja hacia el huevo y contiene usualmente concentraciones mayores de IgY que las que contiene la circulación de la gallina.

Conforme se desarrolla el embrión (se tiene por el momento un huevo con IgY concentrada en el saco vitelino), la IgY se transfiere a la circulación del embrión, lo que sucede a los 7 días del proceso embrionario y se acelera rápidamente durante los últimos 3 días de incubación, no deteniéndose hasta alrededor de 24 horas después de que el huevo ha eclosionado. Por esta razón, el nivel total de IgY se incrementa a su valor máximo aproximadamente 2 días después de que el pollito sale del cascarón, de ello que las mayores concentraciones de inmunoglobulina transferida pasivamente se den a los 2 días de edad. Cuando el huevo pasa por el oviducto se adquiere la IgA e IgM mediante la albúmina, sin embargo, esta concentración es más baja que la de IgY, ya que no existe mucha cantidad de estas inmunoglobulinas disponibles en el oviducto. La albúmina durante el desarrollo del embrión se disemina en el líquido amniótico, que es como una piscina en la que nada el embrión durante su desarrollo, proceso en el cual ingiere parte de este líquido que contiene la IgA e IgM, las que pasan entonces desde el líquido amniótico a través de la albúmina y luego terminan en los intestinos del embrión. Es así que un pollito recién nacido tiene IgY en su sangre y en las siguientes 24 horas – es decir, lo que resta de la transferencia de la circulación- tendrá también IgY en el saco vitelino y en la mucosa, además de contar con IgM e IgA en los intestinos.

El rol principal de los anticuerpos maternos es la protección del recién nacido de 2 a 4 semanas, porque una vez que el pollo nace, el anticuerpo adquirido pasa por un proceso de decaimiento donde de cada 3 a 5 días parte de la vida del anticuerpo va reduciéndose y puede llegar a niveles de desprotección luego de pocas semanas del nacimiento.

Cuando los anticuerpos maternos desaparecen, el sistema inmune del pollito madura y es capaz de producir su propia inmunidad y protección, sin embargo, aunque este sistema inmune es funcional en el embrión, la madurez llega después del nacimiento y depende mucho de la exposición del pollo a condiciones antigénicas. En pocas palabras, si se evita el contacto del pollito con cualquier antígeno, no se desarrollará su sistema inmune, por ende este será muy deficiente.

Los anticuerpos maternos se usan para proteger a los pollitos contra diversas enfermedades, entre ellas cabe recalcar la enfermedad de Gumboro y el virus de Anemia Infecciosa Aviar.

El virus de la Enfermedad Bursal Infecciosa (IBDV) o virus de Gumboro tiene ARN de doble cadena presente en todo el mundo y altamente resistente. La lesión principal causada por este virus es la destrucción de la bolsa, atacando a las células B en la bolsa o en otras ubicaciones y puede replicar estas células T para luego destruirlas. La razón por la que este virus preocupa tanto a los criadores como a los especialistas es que es altamente inmunosupresivo.

Hay 3 células principales en el sistema inmune: las células B, que producen anticuerpos; las células T, que producen inmunidad celular; y los macrófagos y las células membríticas que cooperan con las células B y T. Todas estas células deben funcionar juntas en colaboración para dar una inmunidad de protección apropiada contra las vacunas. Por ejemplo, el virus de IBDV replica las células B y los macrófagos para luego destruirlos o activarlos para producir citoquinas inflamatorias que pueden causar a su vez la destrucción de otras células. Además, aunque no replica las células T sí las activa, eliminando el virus, aunque cuando estas se activan demasiado desarrollan actividades de supresión, causan lesión tisular porque las citoquinas se producen y ocasionan una recuperación tardía de este virus. La infección del virus se demuestra en una serie de manifestaciones clínicas como la presencia de dermatitis gangrenosa, tumores, enteritis ulcerativa, atrofia al crecimiento y una pobre eficacia de las vacunas.

Para controlar el IBDV en parvadas comerciales se depende mucho de las madres hiperinmunizadas, que deben transmitir la respuesta inmune al pollito (transferencia pasiva de inmunidad). Además para lidiar con la exposición prematura al virus, se debe inmunizar a los pollitos muy tempranamente antes de que pierdan los niveles de protección de los anticuerpos maternos.

El momento exacto para la vacuna dependería de con qué ave se está trabajando, pues el nivel de anticuerpos es altamente variable en cada parvada. Se debe obtener la historia serológica de la parvada para determinar cuándo es mejor inmunizar a las aves con las vacunas.

El otro virus que se debe enfrentar utilizando la inmunidad pasiva para proteger a las aves es el de Anemia Infecciosa Aviar (CIAV), un virus de ADN presente en todas partes, que continúa expandiéndose y no puede ser controlado porque se disemina tanto horizontal como verticalmente, y los virus que atacan verticalmente son difíciles de enfrentar en esquemas de erradicación. Este virus puede que no cause mortalidad excesiva o enfermedad, pero llega a ser un problema si la parvada esta inmunosuprimida, lo que provocaría que la mortalidad se eleve debido a la anemia. El control de este virus depende de un grupo de aves hiperinmunizadas, ya que aún no se cuenta con una vacuna para los pollos comerciales y para la erradicación de esta enfermedad no es posible, claro ejemplo de que la transferencia pasiva de inmunidad es fundamental para manejar una enfermedad de este nivel.

Hay, sin embargo, 3 hechos a considerar sobre los anticuerpos maternos: Interfieren con la vacunación, proporcionan un mecanismo de retroalimentación negativo para la inmunidad activa y podrían también preparar al sistema inmune de la descendencia. Por tanto, se requiere que la vacunación se haga cuando los niveles de anticuerpos maternos sea reducida; se desconoce porque se produce este fenómeno.

Las inmunoglobulinas existentes en un pollito recién nacido, siendo las principales las IgY, tienen una influencia negativa en la producción de nuevos anticuerpos de todo tipo. Al vacunar a un ave, esta desarrolla una respuesta inmune que al llegar a cierto punto desaparece, esta es la forma natural en que funciona la inmunidad. Sin embargo, si la respuesta inmune del pollito no se detiene en cierta etapa, la producción de inmunoglobulinas y células inmunes continuaría y terminaría matando al ave, por lo que esto debe regularse muy cuidadosamente. Entonces, hay mecanismos de retroalimentación negativa que se encargan de frenar al sistema inmune cuando el organismo ya tiene suficiente inmunidad y esto ocurre también si el nivel de anticuerpos maternos es muy alto. Las aves provenientes de madres inmunizadas están más preparadas para desarrollar inmunidad que aquellas que provienen de madres normales, por tanto la transferencia de inmunidad pasiva puede llevar al pollo a lo largo del camino a producir mejor inmunidad contra las vacunas.

Resumen
La transferencia materna de anticuerpos es fundamental para la supervivencia de los pollitos recién nacidos. La IgY se transfiere a través del saco vitelino, mientras que una pequeña cantidad de la IgM e IgA son transferidas mediante el líquido amniótico, donde se filtra la albúmina y luego es consumida por el embrión. La IgY se encuentra en la circulación, mientras que la IgM e IgA en el intestino del ave recién nacida. La transferencia pasiva de anticuerpos es usada comercialmente para luchar contra distintas enfermedades como la IBDV y la CIAV. La presencia de anticuerpos también tiene algunos efectos negativos: La inmunización activa no es tan buena en presencia de los anticuerpos transferidos pasivamente y una de las causas podría ser el mecanismo de retroalimentación negativa de los anticuerpos existentes, que no le permite al pollo recién nacido recibir inmunidad.

Por último, la transferencia de anticuerpos pasivos podría preparar al ave recién nacida para preparar una mejor respuesta inmune cuando tiene que enfrentarse al mismo antígeno nuevamente.

Fuente: www.actualidadavipecuaria.com
Autor: Dr. Jagdev Sharma – Arizona State University

USA The Biodesing Institute