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jueves 6 agosto 2020
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Protección civil advierte sobre el caracol africano

Tras el fallecimiento de la estudiante de segundo grado de la Escuela Bolivariana Puerto Ayacucho, por el presunto contagio con el caracol africano, la comisión de salud del centro estudiantil, convocó a una charla dictada por Protección Civil, para brindar los conocimientos requeridos a la comunidad sobre el molusco, cuyo nombre científico es Achatina fulica.

La especie invasora se ha convertido en una amenaza en Venezuela, atacando cultivos y animales, además de una grave fuente de infecciones para los humanos, a los que pueden transmitir enfermedades tanto de forma directa, si entran en contacto con ellos, o indirecta, consumiendo las cosechas infectadas con los parásitos que portan estos moluscos.

El Jefe de Educación de Protección Civil, Danny Gómez, encargado de dictar la charla en el plantel, se enfocó en informar de manera detallada de donde proviene el molusco, como reconocerlo, medidas preventivas y de control, como actuar si observa algún caracol africano y los principales síntomas del contagio.

“Tanto adultos como niños son propensos al contagio del caracol africano, las comunidades que están más cercanas y expuestas a este invasor son aquellas rodeadas de jardines, vegetación abundante y zonas húmedas”, señaló Gómez.

La mayor actividad de los caracoles es durante la noche, momento de la jornada en el que pueden ser vistos sobre diversas especies de plantas en jardines o en malezas.

Los caracoles africanos, tienen mayor tamaño que el Guácaras, miden en promedio entre diez y quince centímetros, aunque pueden crecer y llegar a hasta unos treinta centímetros, pesan 600 gramos aproximadamente, tienen rayas blancas y de diversos tonos marrones en sus conchas, la parte trasera del caracol africano es bastante cónica, en la cabeza es de aspecto húmedo y textura gomosa.

Por el contrario, los caracoles nativos de Venezuela que son inofensivos, llamados Guácaras, su concha es cónica unicolor, nunca con rayas o estrías, su cuerpo es robusto de color gris.

Asimismo, Gómez, informó, que entre las medidas preventivas están no tener contacto directo con ellos, para recogerlos es necesario usar guantes desechables o envolver las manos con bolsas plásticas, meterlos en un recipiente con agua con cal o sal y luego incinerarlos.

Es importante que las conchas de los caracoles muertos se desechen, dado que pueden convertirse en depósitos temporales de agua de lluvia y convertirse en criaderos del zancudo transmisor del dengue.

Los caracoles africanos constituyen un riesgo potencial a la salud de los seres humanos, está considerada una de las 100 especies invasoras más peligrosas del mundo por alimentarse de un sinnúmero de plantas y microorganismos.

No todos los caracoles son altamente nocivos, ni trasmiten una enfermedad específica, pero si pueden trasmitir muchas infecciones por sus hábitos alimenticios, como plantas, basura, pañales, excrementos de animales y de humanos.

Las posibles enfermedades que puede provocar la baba de la especie invasora, se asocian a parásitos como el Angiostrongylus, Schistosoma mansoni, Trichuris, Hymenolepis y hongos. También, se presume a enfermedades como meningitis, esquistosomiasis o bilharziasis, gripe y otros.

Los principales síntomas provocados por su contacto pueden ser erupción, dolores de cabeza, dolores abdominales, diarrea, vómito, prurito anal y nasal, hemorragias, agitación, irritabilidad, tos y fatiga.

Historia del caracol

El Achatina fulica, también llamado caracol gigante africano, potencialmente dañino para la salud fue introducido de manera clandestina a Venezuela en 1993. En el 2009 fueron detectados de manera masiva en las áreas con mayor vegetación. En el 2012 fueron reportados los primeros casos clínicos, y en lo que va del 2013, diversas cosechas a nivel nacional han sido azotadas por este molusco, además de algunos casos de personas afectadas por este animal.

Fuente: Nueva Prensa de Guayana