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jueves 5 diciembre 2019
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Peligros de la humanización de las mascotas

Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo muchas de las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos». Este fragmento de texto pertenece al poeta romántico Lord Byron, un epitafio que el autor decidió redactar para la tumba de su perro Boatswain. Por las palabras de Byron se desprende que la relación con su can, de raza terranova, fue más allá del binomio humano-animal, con una loa emocional que le otorga a su mascota una identidad diferenciada.

Humanización 1

Asegura Damien Baldin en su libro Histoire des Animaux Domestiques, que fue precisamente en la época del romanticismo y del auge del feminismo cuando se empezó a construir el concepto de sensibilidad en la protección de los animales, algo que acabaría derivando en los animales de compañía tal y como hoy los tenemos entendidos. O quizás no. Y es que en los últimos años se ha dado una vuelta de tuerca más, y según destaca el profesor de ética aplicada de la Universidad de Girona y la UOC, Ramon Alcoberro, «la mayor parte de las personas que tienen mascotas consideran que son parte de su familia, por lo que muchas veces el perro o el gato acaba siendo el nexo de unión entre los habitantes de una misma vivienda».

Hablar el mismo idioma que tu mascota El papel de vínculo sentimental que ejerce la mascota es, según apunta el experto, «consecuencia de la crisis del modelo familiar, ya que hoy en día las familias tienden a ser más centrífugas, cada miembro vive con más independencia y la comunicación es más escasa». Para Alcoberro,»muchas veces el perro y el gato, animales más frecuentes en los hogares, acaban actuando como factor de equilibrio entre este tipo de familias, hasta el punto que el animal se convierte en el nexo en común de personas que apenas interactúan».

Con este nuevo escenario, muchas veces surge una nueva problemática, la de humanizar en exceso a las mascotas: «Es un tipo de amor malentendido, ya que el animal tiene derecho a ser un animal, y debe tener su propia vida de gato o de perro», asegura Alcoberro. Algunos psicólogos consideran que el exceso de humanización animal se da durante el proceso de domesticación, cuando en muchas personas aparece la sensación de que pueden hablar el mismo idioma que sus mascotas y que emocionalmente hay una complementariedad que, en algunos casos, puede ir incluso más allá de su relación con los humanos. Esta conducta es, según el docente en ética «algo muy profundo, ya que si pienso que puedo entrar en el mundo comunicativo del animal, lo estoy convirtiendo en miembro de mi propia familia».

¿Dónde están los límites morales? En este contexto, no es de extrañar que cada vez haya más iniciativas sociales, incluso culturales o del sector del ocio, centradas en el mundo de las mascotas. Tiendas de ropa especializadas, clubes sociales, o espacios que, hasta ahora eran exclusivos de las personas, se están adaptando también al mundo animal. La pregunta que muchos ciudadanos se hacen es si toda esta moda tiene algún límite moral.

Si lo miramos desde un punto de vista de ética animal, «lo que justificaría que un animal fuera un agente moral es que puede sufrir». Por esta razón, según advierte Alcoberro, «la frontera o la condición para saber si nuestras acciones con las mascotas son o no convenientes está en el dolor». De la misma opinión es Alba Jornet, del departamento de animales domésticos de la Fundación FAADA que cree que «que la humanización extrema de los animales no es beneficiosa ni necesaria» y advierte «que todo lo que pueda provocar un estrés al animal puede acabar en maltrato, por lo que es muy recomendable conocer muy bien a la mascota antes de tomar decisiones».

Jornet, que rechaza desde su asociación cualquier vínculo de los animales en espectáculos o platós de televisión, cree que «el problema es enseñar a hacer cosas a las mascotas que no son naturales, ya que se les puede provocar un estado de estrés importante. No hablo de acciones cotidianas como enseñar a tu perro a sentarse, algo que puede ser necesario cuando sale a la calle, sino aquellas cosas que a nosotros nos pueden hacer mucha gracia pero que ellos no necesitan». Dicho de otra manera más directa: «Ningún perro necesita un piloto para salir a la calle porque su pelaje ya está preparado para la lluvia. Si se lo ponemos, que sea porque conocemos bien la raza y sabemos que aquello no le hará ningún daño ni le generará estrés».

Desde FAADA tampoco están en contra de determinados espacios para perros, como clubes sociales o parques temáticos, donde la socialización de mascotas y amos puede ser un buen argumento. Aún así, y tomando como ejemplo algunas experiencias que pueden llegar de fuera, Alba Jornet cree que «muchas veces el marketing que rodea estos lugares no es necesario y sobrepasa con creces las necesidades de los animales». Jornet da dos consejos básicos a la hora de adquirir una mascota: «entender sus necesidades básicas y, si es necesario, acudir conjuntamente a un curso de etología para mejorar la convivencia con ella».

Para el profesor de ética, Ramon Alcoberro, las mascotas hoy en día pueden tener tres funciones básicas: «Una es la afectiva en personas que han sufrido frustraciones en el terreno personal o profesional; otra es la función responsabilizadora a la hora de consensuar decisiones en la familia; y una última función es la educadora a la hora de moldear las conductas de los más pequeños de la casa». Alcoberro advierte también que cada vez son más las parejas jóvenes «que empiezan teniendo alguna mascota antes de ir a por el niño».

Animales que triunfan en la red Si una cosa está clara es que nuestra admiración por los animales viene de muy lejos. En la prehistoria la domesticación de animales ya era un hecho, mientras que en la Época Antigua o el Renacimiento los animales eran considerados sabios. En la Edad Media, por ejemplo, el animal de compañía por excelencia era el caballo, símbolo de fuerza y trabajo y que, en muchos casos, también era un elemento de distinción social.

La relación de los animales como modelos morales también tiene ejemplos literarios como las Fábulas de Esopo o de La Fontaine. La revolución tecnológica y la llegada de las redes sociales ha mutado el soporte, pero la admiración por la especie animal sigue siendo la misma, hasta el punto que muchos de los vídeos más compartidos y visitados están protagonizados por animales.

«Es cierto que la relación y admiración de los humanos con los animales viene de lejos: mayas, egipcios, griegos, antigua china, etc. Creo que esta admiración solo ha evolucionado de soporte. Dibujos y representaciones sobre piedra, papiro o cerámica de otras épocas han derivado a internet, y las redes sociales a día de hoy», asegura el consultor de comunicación y estrategia digital, Francesc Grau, que cree que este fenómeno ha ido a más en los últimos años: «He notado el aumento de los vídeos compartidos y, por consiguiente, a más contenidos de vídeo, más contenidos de vídeos con animales. Creo que existe la misma proporción de animales digitalizados en distintos soportes en redes sociales: vídeos, fotos, memes? que cuando sólo se disponía de imágenes en foros. La tecnología ha eliminado la restricción del peso de los archivos (fotos y vídeos) y ha trivializado el esfuerzo que supone publicar y compartir contenidos de este tipo».

Los gatos policía Si hay algún animal que triunfa especialmente en este tipo de vídeos virales es el gato. «A mí me gustan más los gatos porque no hay gatos policía», decía el dibujante Jaume Perich. El gato es un animal mucho más independiente que el perro, con comportamientos no tan sumisos y cercanos a los humanos, por lo que es una de las razones que podría explicar este tributo gatuno que tiene en Catmoji su máxima expresión, ya que es definido como un Pinterest (red social de fotos) solo para gatos. Los perros también tienen sus momentos en internet como Doggy Talky, un punto de encuentro en el que los dueños pueden compartir sus experiencias con sus mascotas y organizar quedadas. Algunos de estos vídeos o redes sociales también han levantado polémica entre algunas asociaciones que velan por el derecho de los animales. Para Grau, «el límite está claro, justo en el momento en que la dignidad del animal queda en entredicho. Si les consideramos seres sin uso de lo que los humanos bautizamos como ‘razón’, la degradación de un ser inocente no debería ser objeto de ninguna vejación ni mofa».

El debate está abierto y viene de lejos. Por poner dos ejemplos: Descartes y Pascal ya se peleaban en su tiempo por si se tenía que considerar a los animales máquinas (Descartes) o no (Pascal); mientras que Schopenhauer insultaba a su perro Atma llamándole «pedazo de humano». Hemos empezado el artículo con el poeta Lord Byron que tiene como una de sus frases célebres esta sentencia: «Mientas más conozco a los hombres, más quiero a mi perro», una frase que, según parece, habría pronunciado algún personaje histórico más como Hitler.

El vínculo sentimental entre humanos y animales parece hoy en día imparable, a pesar de que muchas de las acciones antes mencionadas tienen sus defensores y detractores. El problema que incluye esta discusión es que, por ahora, solo son los humanos los que pueden expresar su opinión sobre el tema. Quizás si les preguntáramos a ellos, las cosas serían más sencillas y, quien sabe, nos podríamos llevar alguna sorpresa.

Fuente: Entorno Inteligente