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sábado 14 diciembre 2019
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Enfermedades emergentes 
de animales (parte II)

En el desarrollo de la actividad ganadera se encuentra latente la posibilidad de que aparezcan enfermedades emergentes o desconocidas, las cuales se están haciendo cada vez más frecuentes. En la primera parte de esta nota introduje el tema y ahora continuaré con algunos ejemplos recientes de enfermedades emergentes en México, que han puesto a prueba a nuestros sistemas de salud animal.

1. El primero fue el brote de influenza “porcina” del 2009 que, aunque no fue una enfermedad zoonótica, no se encontró el virus más que en humanos; así se consideró inicialmente y se produjo el desplome de la demanda de carne de cerdo durante varias semanas, provocando daños graves a esa cadena productiva y la economía nacional.

2. En el 2012 ocurrió un brote de una cepa exótica de influenza aviar de alta patogenicidad, en una región de extrema concentración de granjas avícolas. El brote no se pudo contener y siguió extendiéndose en el 2013. Aún no se logra eliminar el peligro de que se quede permanentemente y se convierta en una enfermedad endémica. Si deseamos evitar que suceda lo mismo con brotes similares en el futuro, se necesita fortalecer la capacidad de detección temprana y respuesta inmediata de los servicios veterinarios, pues el costo del control y erradicación del brote crece exponencialmente a medida que se extiende, hasta llegar posiblemente a hacerlo comparable con el costo de no erradicarlo, que para México sería enorme.

3. Otra enfermedad emergente reciente es la diarrea epidémica porcina, que se detectó en México en el 2013. Esta enfermedad no está en la lista de la OIE, pues en muchos países en donde existe es poco dañina, pero como aquí es recién llegada, no hay ninguna protección y casi todos los animales expuestos enferman. Los animales adultos se recuperan después de unos días, pero los lechones tienen muy alta mortandad.

Una cerda expuesta al virus produce anticuerpos que protegen a sus lechones, por lo que esta enfermedad tiene alto impacto sólo mientras se extiende en donde no existía. La mayor parte de las acciones de control y prevención de enfermedades como ésta quedan en el ámbito del diseño y funcionamiento interno de las granjas y en menor medida en los servicios públicos y privados de salud animal.

Para robustecer la ganadería y la salud pública nacionales ante futuras enfermedades emergentes, debemos mantener en buena forma las siguientes capacidades:

La estructura institucional para identificación y caracterización de enfermedades, para mejorar la toma de decisiones de corto y largo plazo.

  • Dotar a los servicios veterinarios oficiales con los recursos para poder realizar la detección temprana y respuesta rápida ante los brotes.
  • Una interacción eficaz entre servicios privados y públicos de salud animal, con una relación de confianza, respeto y apego a normas y protocolos oficiales para el control y erradicación de enfermedades.
  • La bioseguridad de granjas, que es una labor de mejora continua, no sólo cuestión de infraestructura y costos.
  • Hay mucho que mejorar en todos estos aspectos de la salud animal, un bien nacional que debemos resguardar y agrandar.

*Luis Iruegas es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. 
lfiruegas@fira.gob.mx

Fuente: El Economista